4.6.12
Conduciéndote a la locura (II)
Esa canción la disfrutamos porque estaba perfectamente escogida. Tú te habías recostado en el asiento, dejándote caer un poco, y apoyabas la cabeza en la pequeña almohada que se encontraba en el reposa cabezas. Mi mano había vuelto a la caja de cambios por deber, y la imagen que estabas ofreciéndome mientras me mirabas recostada era espectacular. Te movías muy suavemente al tempo que marcaba mientras sonreías y ladeabas la cabeza, y yo me planteaba seriamente si de un frenazo parar el coche en el arcén y comenzar con el show. Ya estaba totalmente amanecido, pero hacía la temperatura perfecta de las primeras horas y el verano dejaba desierta la carretera en esos momentos. Pero tenía todo el tiempo del mundo y quería disfrutarlo sin prisas, así que me relajé y continúe admirando tu espectáculo mientras seguía controlando la carretera. Cuando la música paró, volviste a bajarlo un poco y me miraste, '¿vuelves a tener miedo de apoyar tu mano?' moviendo la cabeza hacia mi mano en la palanca de marchas. 'Ahora tengo miedo de que le sepa a poco tu rodilla' respondí mientras mis dedos se apoyaban en ella e iban subiendo poco a poco por el muslo levantando lentamente la falda, 'mejor, porque hay otras partes de mi cuerpo que están más necesitadas de atención' y, recostándote otro poquito, cogiste mi mano para que continuase recorriendo la pierna dejando el vestido casi a la altura de tu ropa interior. 'Mira a la carretera', dijiste imponiéndote un poco, y justo cuando clavé mi vista sobre la calzada de la autopista noté como cogías mi mano y la apoyabas sobre la suave tela húmeda e hirviendo. Dios, me iba a explotar la entrepierna, pero aproveché para masajear con paciencia sobre tus braguitas provocando que suspirases suavemente casi en mi oído. Joder, esto tenías que tenerlo preparado, sino no era posible que fuese tan redondo.
2.6.12
Conduciéndote a la locura (I)
Recuerdo perfectamente esa noche como si hubiera sucedido hace unas semanas, así que sin ningún problema podré describírtela si es lo que quieres. Seguro que me paso muchos detalles, pero has estado tantas veces en mi cabeza que es imposible memorizar cada una de ellas. Espero que lo disfrutes, ya que yo, sin lugar a dudas, sí lo hice.
Eran poco más de las siete cuando empezó a vibrar mi móvil. Tuve suerte de que esa noche yo tampoco había dormido nada así que no me despertó, pero aún así me sorprendió ver que me llamabas, ya nuestra relación solía basarse en conversaciones por la red y las pocas veces que habíamos coincidido y compartido unas palabras; aunque he de reconocer que muchas de esas conversaciones eran bastante, digamos... intensas. Así que con la típica sonrisa que se nos dibuja al pensar que alguien está llamándonos a esas horas porque no nos quita de su cabeza te cogí el teléfono.
'¿No será ninguna urgencia, no?', te pregunté en tono jocoso al descolgar, 'pero mira que eres tontito, sólo te llamaba para preguntarte qué tal' contestaste con la voz un poco tomada. Se oía ruido a tu alrededor, así que intuía que acababas de salir de algún local. 'Pues estaba ya llegando a casa, ¿cómo ha ido tu noche?', 'genial, aunque ahora todavía me queda un rato enorme hasta volver yo porque hemos salido por Madrid y ya sabes qué... ¿sigue en pie lo que me ofreciste?'. No pude reprimir una carcajada, '¿en serio quieres que te vaya a hacer de chófer?, jaja', 'hombre, pues claro!' fue lo único que contestaste. Tras unos segundos de silencios continué, '¿pero recuerdas lo que hablamos donde eso, no?', 'sí, claro' respondiste de forma tímida. 'En veinte minutos creo que he llegado, y te llamo', fue lo poco que dije antes de colgar. Entonces saqué del bolsillo las llaves del coche, me sonreí y busqué qué canciones ponerme para el viaje. Pintaba de lujo cómo iba a terminar esa noche, aunque por otra parte ya había amanecido..
26.4.12
Despidiéndome de tu cuerpo (II)
La verdad es que me asombró mucho tu valor a la hora de entrar en el baño sin siquiera pensar en si había alguien dentro, o si nos estaban viendo; aunque me gustó pensar que era causa de las ganas que teníamos. Porque no nos faltaban. Al entrar en el baño de chicas, y antes de meternos en una de las cabinas, nos quedamos mirándonos reflejados en el espejo. Había fuego en nuestros ojos. Ni siquiera nos dimos cuenta que ya tenías pelos de loba del juego antes de entrar y el cuello en carne viva con pequeñas marcas de mis colmillos. Tampoco de que yo tenía la bragueta abierta y los vaqueros descolocados, ni de parecía que veníamos de una maratón por cómo respirábamos. Con esos ojos de lujuria estabas espectacular, y cuando me viste morderme los labios con fuerzas supiste que no podíamos hacerlo esperar más. Me miraste directamente clavándonos los ojos unos segundos, tras los que yo te empujé abriendo la puerta del baño para continuar devorándote cuando chocases contra una pared. Pensándolo ahora, espero que hubiese alguien en esos momentos en el baño porque el espectáculo que dimos seguro que le inspiraría en otros momentos; pero no éramos capaces de contenernos. Yo te coloqué contra una pared y recorría tu costado haciendo presión mientras tú separabas los brazos aprovechando para hacer contrapeso en la puerta por si alguien se apoyaba. Cuando mis manos llegaron a la altura de tus pechos las arrastré sobre la camiseta para colocarme sobre ellos y sentirlos por fin entre mis dedos. Te hizo reír ver como yo paraba momentáneamente de besarte para soltar un suspiro disfrutando del momento. No eres capaz de imaginarte la cantidad de veces que soñé con hacer eso. quería ser capaz de memorizar incluso el más mínimo detalle porque me iba a hacer falta mientras tú no estuvieras. 'Disfrútalas, que son para ti', me susurraste de camino a mi cuello para recorrerlo con tus labios mientras yo me había separado un poquito muriéndome de ganas por verlas aunque fuera sobre la camiseta. Sólo fui capaz de responderte con una sonrisa. Me dejas sin habla cuando me sorprendes con tu lado más divertido, y sabes que no es nada fácil.
25.4.12
Despidiéndome de tu cuerpo (I)
Tenía que despedirme de ti. No te lo había dicho, incluso había logrado hacerte creer que no me importaba tanto, pero llevaba soñando con este momento demasiado y no podía dejar que te fueras sin despedirme. Todavía no sabía cómo realizar la sorpresa, y en lo único que pensaba mientras descargaba mis nervios en el acelerador era si de verdad merecía la pena habértelo ocultado o si habrías ya habrías embarcado antes de que yo llegase. En las películas americanas todo esto es mucho más fácil: ellos demuestran a los guardias de seguridad su amor eterno, llevan rosas, bombones y son actores famosos. No me quiero ni imaginar cómo reaccionarían en el control de seguridad si les dijera 'no tengo vuelo, pero es que tengo que despedirme... ¡ENTENDEDME!'. No, obviamente, no era una opción viable. Pero la magia de todo este asunto residía en el factor sorpresa. Merecía la pena arriesgar. Iba a salir bien. Iba a salir bien. Tenía que estar seguro de ello. Por si acaso continuaba pisando el acelerador lo que la chatarra de mi coche me permitía. Iba a salir bien. Porque yo necesitaba despedirme de ti.
Después de dejar el coche donde malamente pude e interrogar a mi reloj cada cinco segundos para comprobar que no se me estaba haciendo demasiado tarde, entré en el aeropuerto buscando cualquier signo que pudiera hacerme intuir por donde estabas. "Joder, esto es jodidamente grande", no dejaba de pensar. "Todo va a salir bien". Debía convencerme. Aunque luego terminasen por salir mal todos los planes, si de verdad quiero despedirme de ti y que me recuerdes por lo menos tanto como sé que yo haré contigo necesitaba conseguirlo con actitud. Tenía que convencerme, pero no ayudaba ser incapaz incluso de recordar tu número de vuelo. "Piensa, joder, piensa...". Cerré los ojos. Respiré hondo una, dos, tres veces. Poco a poco iba imaginando el puzzle en mi cabeza. Te encontraría. Luego me acercaría sin que me vieses cuenta. Bromearía. Quería saludarte con... bueno no, mejor no. Me lo reservaría. Pero para todo eso tenía que encontrarte. Joder, quería encontrarte sin llamarte y preguntarte que... "claro, ¡lo tengo!". No hacía falta más. En ese momento comenzó a tomar forma cómo iba a conseguir que esa fuera una de las mejores tardes que recordásemos en mucho tiempo... aunque he de reconocer que me encantaba dejar la mayor parte a la improvisación. Confiaba en que, como siempre, acabases exprimiendo lo mejor de mí.
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